martes, 2 de abril de 2013

pEQueÑa mueRTe ante diOS



Resuenan las campanas de su entierro, y maldice desde su ataúd a quienes la llevan ante dios, ese dios al que detesta por haberla abandonado, como (a) tantos, desde que nació.


                Quiere gritar ,y grita 

pero en este aire ya solo él la escucha, es muda para los que la esperan afligidos en los bancos que con olor a madera rancia amueblan la vieja capilla del barrio.


                        Quiere gritar, y grita 

pero en este aire ya solo dios la escucha enorgulleciéndose en su púlpito.

Llora rabiosa en su nido de madera, patalea golpeándose bruscamente las rodillas con la tapa del féretro mientras siente que la elevan por los aires. El llanto de su padre a apenas unos centímetros de su cabeza le para el alma, puede olerle, aun muerta, puede oler a su padre y a las lágrimas que bajan por su corazón. Se enrosca hacia él, besa la pared de su nido, y susurra en el hueco de su mano para que sólo él la escuche "No llores papá, lo has hecho diez. No me he ido, nunca voy a irme"  Su ingenuidad le dibuja a dios una cínica mueca en la cara

eso la enfurece

más.

Desde su pensamiento lanza en ballesta un 'ahora arreglaremos cuentas tú y yo, maldito desgraciado' que tinta en negro metálico los ojos del todopoderoso.

        Quiere molestarle

               quiere que dios no la acoja

                        quiere huir a la nada

 y debe de darse prisa antes de que la cubran de rezos

                      perfumándola de incienso             

                y la mezan con cánticos herméticos                

                      adormeciendo sus sentidos 

                             robándole su ser.

Se disfraza de calma en el camino al altar, ceremoniosa cual novia al borde de la fosa matrimonial.Su cuna de muerte se posa por fin en el lugar de honor, reservado para todo aquel que, fiel o no, termine cediéndole su alma al impostor.


Huele el dolor de los suyos mientras el silencio se adueña del oxígeno, tan solo un leve rumor penetra la quietud del abismo insonoro, un río de palabras lejanas alcanza sus huesos, el murmullo de la oratoria ha comenzado y lo que nace como una dulce sonrisa en su tez declina a lascivo gesto en menos de medio aliento. 


¿Me ves?      susurra deslizando la mano por su tripa...

¿Puedes verme?

...bajo su falda ibicenca. Acaricia el tibio camino de piel hasta sus bragas colando los dedos por debajo ¿Puedes verme, Mi Dios? ... sonríe.


Él

desconcertado

insultado

engarrados los dedos a su labrado trono.


Ella

suicida

desesperada en alma

excitada 

bailando su pelvis delicadamente...


¡¡Mírame!!


...el primero de los gemidos desde su ataúd hizo eco en toda la capilla.




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